Título: Del odio al amor hay sólo un "pase" [2/?]
Autor:
darxina (Ness)
Rating: PG-13
Pareja: Tegoshi/Masuda
Género: Fútbol, Romance, Drama
Resumen: Tegoshi desea cumplir su gran sueño, y necesitará la ayuda de alguien para conseguirlo.
“¡Tegoshi! ¿dónde queda el comedor principal? solo he visto la cafetería de la entrada, pero es muy pequeña, y yo quiero buena comida”
Masuda caminaba delante de él por uno de los pasillos de la universidad, visiblemente emocionado, mientras Tegoshi detrás se preguntaba por qué había tenido tan mala suerte de que esa persona tan molesta se hubiera metido en su vida. Aunque quisiera no podría quitárselo del medio. Masuda parecía ser de ese tipo de personas pegadizas e insistentes que nunca admitiría un “no” por respuesta. La tarde anterior habían entrenado hasta la extenuación. Sinceramente no estaba acostumbrado a eso, pero como Masuda le había dicho, eso no era nada comparado con lo que tendría que aguantar en un entrenamiento de verdad. ¿Pero qué sabría él de todo eso?
Lo que le preocupaba ahora era que Masuda se estaba comportando como su amigo, y ni siquiera sabía mucho más que su nombre. Tegoshi prefería estar sólo, de hecho apenas había hecho amistades desde que entró en la universidad meses antes. La soledad le ayudaba a concentrarse en sus estudios y en su sueño. Pero ahora, sin quererlo ni beberlo, Masuda se presentaba en su área durante el descanso de las clases con esa molesta cara sonriente preguntándole si quería ir a comer con él. No tenía ni idea de cómo le había encontrado, pero menos idea tenía de cómo decirle que no. Le molestaba, y mucho. No es que hubiera hecho nada malo, pero era ese tipo de personas hiperactivas que no soportaba desde que estaba en el instituto.
“Masuda-san, de verdad que no tengo tiempo para...”
“¡AH! ¿es éste?, ¡vamos a ver! me muero de hambre”
Cinco minutos después se encontraban comiendo juntos en una mesa. Uno enfrente del otro. No se preocupó por la conversación, porque inicialmente no hubo, ni parecía que la fuese a haber. Masuda parecía absorbido por su comida tres veces superior en cantidad a la de suya.
“Como sigas comiendo así no vas a perder peso en la vida” le dijo directo y un poco ofensivo para ver su reacción.
“¿Me estás diciendo que estoy gordo?” Masuda levantó la mirada y soltó una pequeña risa que casi hace saltar el arroz de su boca.
“Pues sí”
“Oh, qué poco tacto Tegoshi, pero ¿sabes? tú deberías comer más... el deporte no vive de gente que está en los huesos como tú”
Tegoshi frunció el ceño y apretó los labios. Ligeramente cabreado miró hacia un lado intentando contenerse y olvidar lo que acababa de oír. Estaba aguantando demasiado.
“¡Ey, Massu!”
¿”Massu”? Tegoshi volvió a mirar hacia el frente y vio como Masuda y otro chico chocaban las manos. Al principio no reconoció a esa persona, pero cuando lo miró y saludó, casi se queda de piedra en el sitio.
“¿¿Ya-Yamashita sempai??”
Ambos miraron a Tegoshi desconcertados.
“Ah, Tegoshi ¿lo conoces?”
En realidad la pregunta era... “¿acaso lo conoces tú, Masuda?”. Eso era lo que pensaba. Parecían conocidos, o incluso amigos. Pero, ¿de qué demonios se conocían?.
“Pu-pues claro... Yamashita Tomohisa, es el capitán del equipo de fútbol de esta universidad” Tegoshi no salía de su asombro. Esa respuesta iba para Masuda, pero sus ojos no se despegaron de Yamashita. Tener al capitán del equipo al que quería pertenecer tan cerca le hacía incluso temblar de la emoción.
“Ohhh Yamapi, parece que tienes fans” Masuda bromeó, golpeando el brazo del capitán.
“Jaja, sí, pero creí que eran todas chicas”
Ambos se rieron, pero Tegoshi no salía de su nube. Ni siquiera podía escuchar lo que estaban hablando. Solo miraba a Yamashita, fascinado. Era muy guapo y musculoso. En resumen, tenía el cuerpo perfecto para ser el capitán. Su aura también era única, un ídolo digno de admirar en su totalidad.
“Ah, os presento, él es Tegoshi. Le encantaba el fútbol, de hecho quería formar parte de un equipo. Es bastante bueno, aunque no se atreve a intentarlo”
Eso fue lo primero que llegó a oír cuando volvió a la realidad.
“Masuda, cállate...” le amenazó en voz baja, para que no siguiera hablando.
“¿En serio?” Sus palabras fueron cortadas por Yamashita. “Pues casualmente la próxima semana el entrenador va a hacer una prueba de selección porque tenemos una baja. Lo que necesitamos es un delantero. Ya tenemos unos cuantos candidatos. ¿Cómo lo ves?”
Primero, las palabras de su ídolo iban dirigidas hacia él, y segundo “¿EN SERIO?”. ¿Le estaba invitando a presentarse a una prueba para pertenecer al equipo al que había soñado entrar? ¿además en la posición a la que él aspiraba?. No podía ser posible, era demasiada suerte. Notaba como la sangre le hervía dentro de su cuerpo, el vello de su piel se erizaba. No pudo decir nada más que un “Sí” que fue audible en todo el comedor. Levantándose bruscamente y haciendo una reverencia.
“Está bien entonces, espero verte el próximo jueves. Entrena duro ¿eh? no lo vas a tener nada fácil”
Tegoshi volvió a asentir, antes de que Yamashita chocara las manos con Masuda una vez más y se despidieran. En una de las mesas de enfrente podía ver el equipo al completo. Algunos hablaban tan alto que se podía oír cuál era el tema de conversación. Obviamente “fútbol”. Hablaban de nuevas estrategias de defensa, o puntos débiles del adversario. Todo ella era música para los oídos de Tegoshi, un mundo al que quería pertenecer ya mismo.
“Tierra llamando a Tegoshi~”
Pero desgraciadamente en ese momento solo estaba con Masuda y... sí, tenía que preguntárselo.
“Oye, “¿de qué conoces a Yamashita sempai?” dijo agachando la cabeza un poco en la mesa para que nadie les oyera.
“Eh, tú nunca me llamas sempai, y eso que soy mayor que tú”
“¿Eso cómo lo sabes? nunca te dije mi edad”
“Si Yamashita-kun va a la misma clase que yo y le llamas senpai, entonces yo también soy senpai para ti, ¿no?”
“Espera, ¿¿vais a la misma clase??” Eso le hizo alzar un poco el tono de voz.
“Sí... ¿envidia? De hecho nos conocimos antes de entrar a la universidad, éramos amigos desde hace años”
“¡No me lo puedo creer! ¿Por qué no me lo habías dicho antes? Hubiésemos empezado mejor tú y yo”
“¿De verdad? ¿tan mal se supone que nos llevamos?” Masuda contestó sonriendo pero con tono irónico. “En cualquier caso eso no quiere decir que tengas el puesto asegurado. No va a haber tongo, tendrás que ganártelo con tu propio esfuerzo.”
“¡Pues claro! No necesito la ayuda de nadie para conseguirlo. A partir de hoy me entrenaré duro para ser el mejor”
“¿Eso quiere decir... que no me necesitas?”
“No, prefiero hacerlo a mi manera. Además ahora tengo un objetivo muy importante, no puedo permitir que nada ni nadie me distraiga”.
De nuevo decía ese tipo de cosas que le hacían parecer fuerte y determinante, aunque totalmente insensible y egocéntrico, sin darse cuenta de que, indirectamente le estaba diciendo que Masuda era una molestia.
Por primera vez, Masuda no contestó, ni siquiera sonrió. Simplemente asintió, y miró hacia su bandeja mientras masticaba el último bocado lentamente.
***
Horas más tarde Tegoshi había reunido toda su motivación para entrenar duro por su cuenta. Sin embargo su rutina dio un giro inesperado. Al parecer los chicos con los que solía jugar un partido después de las clases no podían quedarse esta vez. Salían a celebrar una fiesta, a beber, a conocer chicas guapas quizás. Uno de ellos le dijo que se tomara un descanso y que fuera con ellos. Pero precisamente para Tegoshi ahora no había tiempo para relajarse y tuvo que negarse. La respuesta de sus compañeros no fue demasiado amable, más bien se burlaron de él porque decían que era aburrido y antipático, que si seguía siendo así nunca conseguiría nada.
No mentiría si dijera que eso no le deprimió un poco, pero tenía la seguridad de que algún día les podría demostrar a todos lo que significaba para él cumplir el sueño que llevaba persiguiendo toda la vida.
Sin dar más vueltas, volvió al campo donde entrenaba todas las noches y preparó todo lo necesario para practicar los tiros. En más de una ocasión miraba a su alrededor, y como el primer día allí no había nadie, pero en el fondo, muy en el fondo y sin saber por qué echaba de menos a la única persona que le había apoyado hasta ahora.
Pero no estaba. No estaba porque había rechazado su ayuda. Le había dicho que no le necesitaba, indirectamente que era una distracción y una molestia. Reflexionó de nuevo las palabras de sus compañeros. Si por “no conseguirás nada” tal vez se referían a conseguir un amigo.
De pronto sus pensamientos se vieron interrumpidos por un dolor en la nuca, inmediatamente seguidos por el sonido de un balón botando en el suelo, detrás de él.
“No te veo muy concentrado a pesar de que estás solo...” dijo la misma voz profunda que echaba en falta.
Tegoshi se giró asustado y a la vez furioso, acariciándose la parte trasera de la cabeza. “T-Tú... te dije que no vinieras”
“Me echabas de menos”
Y encima le leía el pensamiento y se lo decía con toda naturalidad, pero obviamente Tegoshi no podía admitirlo. Ni siquiera podía admitir para sí mismo que eso fuera verdad.
“No te creas tan importante, no te necesito para nada”
“Ya... te he estado observando antes. Si crees que tirando así vas a pasar la prueba del jueves me parece que puedes ir olvidándote de tu sueño.” Masuda se burlaba otra vez de él, y eso le hacía daño, porque él no era muy distinto de los otros chicos. Odiaba que lo infravaloraran sin apenas conocer sus posibilidades. Lo malo es que Masuda parecía conocerle demasiado bien, eso le molestaba el doble.
“Cállate...”
Sin darse cuenta Masuda ya se había colocado en el centro de la portería. Tegoshi podría reconocer que estaba un poco lento hoy, quizá estaba pensando solamente en la prueba que le esperaba, y no se concentraba en lo que realmente importaba ahora.
“¿A qué esperas? ¡espabila Tegoshi!”. La voz de Masuda hizo eco en el vacío de aquel gran campo de fútbol y por primera vez Tegoshi reaccionó, y sin replicar nada lanzó un balón con la mínima fuerza, hasta él mismo se sorprendió de lo mal que lo había hecho. Masuda no tuvo que esforzarse mucho para pararlo.
“¿Qué ha sido eso?” gritó Masuda riéndose desde el fondo. “¡Como sigas así no vas a conseguir nada!” Y otra vez escuchaba esa frase. Su cara era muy seria esta vez. “Yamashita no quiere gente débil cómo tú en su equipo ¿sabes cuánta gente aspira a esto? Si vas a hacerlo así ni lo intentes, eres un inútil, mejor te ibas con tus amigos de fiesta, quizá solo puedas ligar más por tu físico que por lo que pretendes impresionar con esto”.
Cada simple palabra que Masuda pronunciaba por su boca hacia que su puños y sus dientes se apretaran más fuerte. Éste sentimiento de furia lo conocía ¿cómo pudo echar de menos a esta persona tan horrible?. Era como si se repitieran los hechos del primer día que se conocieron. Su mente no respondía a las acciones de su cuerpo y sin apenas darse cuenta lanzó un tiro hacia la portería, no, más bien hacía Masuda con una fuerza increíble. Obviamente Masuda no se atrevió a pararlo, de nuevo se apartó, y cuando vio el balón dentro de la red aplaudió a Tegoshi y se acercó a él sonriendo.
“Así me gusta, esta vez te has supera-“
“¡¡Te odio imbécil!!”
Las cosas se tornaron de una manera inesperada. Tegoshi no era consciente de lo que había hecho, pero el dolor que sintió en su puño era claramente un suave reflejo del que Masuda había sentido en su mejilla. Había sangre en la comisura de sus labios, y por los quejidos de Masuda podría adivinar lo mucho que le había dolido. Tegoshi se quedó en blanco, mirándole atónito. No pretendía llegar a eso, pero su cuerpo reaccionó solo, no pudo aguantar la rabia mucho tiempo más. Se había pasado. Pensaba que Masuda se la devolvería, y que al recibir el golpe le dejaría K.O, sólo hacía falta ver sus músculos para imaginarlo. Sin embargo su reacción fue inesperada. Aún con el dolor, y la sangre en su boca, Masuda sonrió con sinceridad, mirándole a los ojos.
“Bueno... si odiándome consigues hacerlo así de bien... entonces puedo ser de ayuda para ti ¿no?”
En ese momento, algo cambió dentro de Tegoshi. No entendía por qué Masuda no se enfadaba con él, o por qué no le olvidaba y se iba de allí de una vez por todas. Le sorprendía ver esa sonrisa mezclada con una cara de dolor que Masuda intentaba ocultar. No sabía si era lástima, o arrepentimiento, pero a pesar de lo mal que se había portado con él, Masuda seguía dispuesto a estar a su lado y ayudarle. Realmente no se lo merecía.
Ni siquiera tuvo el coraje para pedirle perdón, en realidad no lo tuvo para decir nada. Masuda se disculpó un momento para ir al baño de los vestuarios, porque decía que le dolía y quería lavarse la cara. Tegoshi no respondió, sólo se quedó miramdo cómo iba corriendo hacía allí con una mano en la mejilla, y pocos minutos después no pudo evitar la necesidad de seguirle.
Se encontraba delante del espejo mirándose la pequeña herida que tenía, cuando sus ojos se encontraron en el espejo. Tegoshi desvió la mirada rápidamente y fue a su taquilla para sacar de ahí un poco de algodón y agua oxigenada. Ambos se sentaron en el mismo banco, en medio de un silencio que parecía infinito. Un silencio que se rompió cuando Masuda se quejó de dolor al notar el roce el algodón en el borde de sus labios.
“Lo siento...”
“No, tranquilo, se supone que tiene que doler...”
No le estaba pidiendo disculpas por eso, sino por haberle golpeado en primer lugar.
“¿Por qué me dijiste todas esas cosas?” Involuntariamente la voz de Tegoshi sonaba algo suave, no se reconocía a sí mismo.
“Venga, ¿no te creerías que iba en serio? Sé que tu punto débil es ese, parece ser la única manera de hacerte lanzar mejor”. Sonreía, y visto así de cerca su cara era incluso reconfortante, capaz de transmitir paz y tranquilidad.
“Pero... me hiciste daño”
“Tú a mí más”
Ambos se rieron a la vez porque era cierto. Sin apenas darse cuenta, Tegoshi estaba empezando a abrirse un poco a Masuda. Eso era algo nuevo en él.
“Masuda... dime la verdad ¿por qué insistes tanto en ayudarme?”
Masuda se quedó en silencio unos segundos, hasta que su sonrisa se desvaneció.
“¿De verdad quieres saberlo?”
Tegoshi sólo asintió y vio cómo Masuda miraba hacia el suelo, como si estuviera preparándose para hablar de algo importante.
“Mi hermano... mi hermano era igual que tú. Soñaba con ser una estrella del fútbol casi desde que aprendió a andar. Siempre me pedía que jugara con él y yo le decía que no, que no me gustaba el fútbol, que se fuera con sus amigos al parque. Cuando tenía 12 años entró en el equipo de la escuela y se convirtió en uno de los mejores de su edad. Pero... dos años más tarde sufrió un colapso durante un partido. Le hicieron muchas pruebas en el hospital, y le detectaron una miocardiopatía hipertrófica, bueno, una enfermedad del corazón. Los médicos dijeron que se olvidara del fútbol para siempre. Imagínate cómo reaccionó mi hermano. Aunque le prohibieron practicar deporte, él siempre lo hacía a escondidas, preocupando a mis padres y a mí. Era muy testarudo, nunca escuchaba a nadie y hacía lo que quería. Hasta que un día... volvió a tener otro colapso, pero...” la voz de Masuda empezaba a quebrarse, y Tegoshi juraría haber visto cómo sus ojos brillaban. “...cuando llegó al hospital ya era tarde...”
El silencio fue muy incómodo. Sólo se escuchaban los ligeros sollozos de Masuda y Tegoshi no se lo podía creer. No sabía qué hacer, ni qué decir. Nunca se había encontrado en una situación tan difícil en su vida. Lentamente movió su mano hasta el hombro de Masuda y la posó ahí, intentando comprobar si ese gesto era suficiente.
“Yo... no lo sabía, lo sien-“
“Por eso...” le cortó Masuda, ésta vez mirándole directamente a los ojos. “Por eso estoy estudiando Educación Física, y... quiero ayudarte a cumplir tu sueño... porque era el mismo que el que mi hermano nunca pudo conseguir”.
Lo que sintió Tegoshi en ese momento fue inexplicable. Primero porque había estado totalmente equivocado con Masuda, y segundo, porque sentía que era él quien tenía que apoyarle ahora. Pero no sabía cómo. Esa maldita inseguridad y frialdad suya se lo impidieron. Entonces se volvió a hacer el silencio, hasta que Masuda se levantó y cogió sus cosas.
“Perdona, no tenía que haberte contado todo esto, no quiero dar pena, es sólo...bueno quería que supieras la razón. Siento haberte molestado tanto hasta ahora...” volvió a sonreír inocentemente y se despidió de Tegoshi, hasta que éste reaccionó instintivamente antes de que saliera por la puerta. De ninguna manera eso podía ser una despedida.
“¡Espera!”
Masuda se giró y le miró confuso, porque Tegoshi no parecía que fuera a decir nada más. Pero esta vez sí que lo hizo.
“Mañana...” no podía mirarle a los ojos, pero sorprendentemente se ruborizó, quizá por la vergüenza que le daba aceptar de una vez la ayuda que Masuda le había estado ofreciendo desinteresadamente “... mañana a la misma hora ¿no?”
La cara de Masuda era un poema. La mejilla hinchada, los ojos llorosos y esa sonrisa de oreja a oreja. Tegoshi se sentía mal por haber provocado todo eso, pero en parte fue lo único que le hizo sonreír con sinceridad, por primera vez en mucho, mucho tiempo.
Tal vez si conseguía cambiar un poco, sólo un poco, las cosas empezarían a ser más fáciles para él a partir de ahora.
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Siento haber tardado tanto en publicar, pero he estado ocupada y apenas he tenido tiempo de escribir. El ritmo sera más lento esta vez en comparación a Host Girl. Tampoco voy a llegar a tantos capítulos (espero), creo que me están saliendo bastante grandes estos xD.
Autor:
Rating: PG-13
Pareja: Tegoshi/Masuda
Género: Fútbol, Romance, Drama
Resumen: Tegoshi desea cumplir su gran sueño, y necesitará la ayuda de alguien para conseguirlo.
“¡Tegoshi! ¿dónde queda el comedor principal? solo he visto la cafetería de la entrada, pero es muy pequeña, y yo quiero buena comida”
Masuda caminaba delante de él por uno de los pasillos de la universidad, visiblemente emocionado, mientras Tegoshi detrás se preguntaba por qué había tenido tan mala suerte de que esa persona tan molesta se hubiera metido en su vida. Aunque quisiera no podría quitárselo del medio. Masuda parecía ser de ese tipo de personas pegadizas e insistentes que nunca admitiría un “no” por respuesta. La tarde anterior habían entrenado hasta la extenuación. Sinceramente no estaba acostumbrado a eso, pero como Masuda le había dicho, eso no era nada comparado con lo que tendría que aguantar en un entrenamiento de verdad. ¿Pero qué sabría él de todo eso?
Lo que le preocupaba ahora era que Masuda se estaba comportando como su amigo, y ni siquiera sabía mucho más que su nombre. Tegoshi prefería estar sólo, de hecho apenas había hecho amistades desde que entró en la universidad meses antes. La soledad le ayudaba a concentrarse en sus estudios y en su sueño. Pero ahora, sin quererlo ni beberlo, Masuda se presentaba en su área durante el descanso de las clases con esa molesta cara sonriente preguntándole si quería ir a comer con él. No tenía ni idea de cómo le había encontrado, pero menos idea tenía de cómo decirle que no. Le molestaba, y mucho. No es que hubiera hecho nada malo, pero era ese tipo de personas hiperactivas que no soportaba desde que estaba en el instituto.
“Masuda-san, de verdad que no tengo tiempo para...”
“¡AH! ¿es éste?, ¡vamos a ver! me muero de hambre”
Cinco minutos después se encontraban comiendo juntos en una mesa. Uno enfrente del otro. No se preocupó por la conversación, porque inicialmente no hubo, ni parecía que la fuese a haber. Masuda parecía absorbido por su comida tres veces superior en cantidad a la de suya.
“Como sigas comiendo así no vas a perder peso en la vida” le dijo directo y un poco ofensivo para ver su reacción.
“¿Me estás diciendo que estoy gordo?” Masuda levantó la mirada y soltó una pequeña risa que casi hace saltar el arroz de su boca.
“Pues sí”
“Oh, qué poco tacto Tegoshi, pero ¿sabes? tú deberías comer más... el deporte no vive de gente que está en los huesos como tú”
Tegoshi frunció el ceño y apretó los labios. Ligeramente cabreado miró hacia un lado intentando contenerse y olvidar lo que acababa de oír. Estaba aguantando demasiado.
“¡Ey, Massu!”
¿”Massu”? Tegoshi volvió a mirar hacia el frente y vio como Masuda y otro chico chocaban las manos. Al principio no reconoció a esa persona, pero cuando lo miró y saludó, casi se queda de piedra en el sitio.
“¿¿Ya-Yamashita sempai??”
Ambos miraron a Tegoshi desconcertados.
“Ah, Tegoshi ¿lo conoces?”
En realidad la pregunta era... “¿acaso lo conoces tú, Masuda?”. Eso era lo que pensaba. Parecían conocidos, o incluso amigos. Pero, ¿de qué demonios se conocían?.
“Pu-pues claro... Yamashita Tomohisa, es el capitán del equipo de fútbol de esta universidad” Tegoshi no salía de su asombro. Esa respuesta iba para Masuda, pero sus ojos no se despegaron de Yamashita. Tener al capitán del equipo al que quería pertenecer tan cerca le hacía incluso temblar de la emoción.
“Ohhh Yamapi, parece que tienes fans” Masuda bromeó, golpeando el brazo del capitán.
“Jaja, sí, pero creí que eran todas chicas”
Ambos se rieron, pero Tegoshi no salía de su nube. Ni siquiera podía escuchar lo que estaban hablando. Solo miraba a Yamashita, fascinado. Era muy guapo y musculoso. En resumen, tenía el cuerpo perfecto para ser el capitán. Su aura también era única, un ídolo digno de admirar en su totalidad.
“Ah, os presento, él es Tegoshi. Le encantaba el fútbol, de hecho quería formar parte de un equipo. Es bastante bueno, aunque no se atreve a intentarlo”
Eso fue lo primero que llegó a oír cuando volvió a la realidad.
“Masuda, cállate...” le amenazó en voz baja, para que no siguiera hablando.
“¿En serio?” Sus palabras fueron cortadas por Yamashita. “Pues casualmente la próxima semana el entrenador va a hacer una prueba de selección porque tenemos una baja. Lo que necesitamos es un delantero. Ya tenemos unos cuantos candidatos. ¿Cómo lo ves?”
Primero, las palabras de su ídolo iban dirigidas hacia él, y segundo “¿EN SERIO?”. ¿Le estaba invitando a presentarse a una prueba para pertenecer al equipo al que había soñado entrar? ¿además en la posición a la que él aspiraba?. No podía ser posible, era demasiada suerte. Notaba como la sangre le hervía dentro de su cuerpo, el vello de su piel se erizaba. No pudo decir nada más que un “Sí” que fue audible en todo el comedor. Levantándose bruscamente y haciendo una reverencia.
“Está bien entonces, espero verte el próximo jueves. Entrena duro ¿eh? no lo vas a tener nada fácil”
Tegoshi volvió a asentir, antes de que Yamashita chocara las manos con Masuda una vez más y se despidieran. En una de las mesas de enfrente podía ver el equipo al completo. Algunos hablaban tan alto que se podía oír cuál era el tema de conversación. Obviamente “fútbol”. Hablaban de nuevas estrategias de defensa, o puntos débiles del adversario. Todo ella era música para los oídos de Tegoshi, un mundo al que quería pertenecer ya mismo.
“Tierra llamando a Tegoshi~”
Pero desgraciadamente en ese momento solo estaba con Masuda y... sí, tenía que preguntárselo.
“Oye, “¿de qué conoces a Yamashita sempai?” dijo agachando la cabeza un poco en la mesa para que nadie les oyera.
“Eh, tú nunca me llamas sempai, y eso que soy mayor que tú”
“¿Eso cómo lo sabes? nunca te dije mi edad”
“Si Yamashita-kun va a la misma clase que yo y le llamas senpai, entonces yo también soy senpai para ti, ¿no?”
“Espera, ¿¿vais a la misma clase??” Eso le hizo alzar un poco el tono de voz.
“Sí... ¿envidia? De hecho nos conocimos antes de entrar a la universidad, éramos amigos desde hace años”
“¡No me lo puedo creer! ¿Por qué no me lo habías dicho antes? Hubiésemos empezado mejor tú y yo”
“¿De verdad? ¿tan mal se supone que nos llevamos?” Masuda contestó sonriendo pero con tono irónico. “En cualquier caso eso no quiere decir que tengas el puesto asegurado. No va a haber tongo, tendrás que ganártelo con tu propio esfuerzo.”
“¡Pues claro! No necesito la ayuda de nadie para conseguirlo. A partir de hoy me entrenaré duro para ser el mejor”
“¿Eso quiere decir... que no me necesitas?”
“No, prefiero hacerlo a mi manera. Además ahora tengo un objetivo muy importante, no puedo permitir que nada ni nadie me distraiga”.
De nuevo decía ese tipo de cosas que le hacían parecer fuerte y determinante, aunque totalmente insensible y egocéntrico, sin darse cuenta de que, indirectamente le estaba diciendo que Masuda era una molestia.
Por primera vez, Masuda no contestó, ni siquiera sonrió. Simplemente asintió, y miró hacia su bandeja mientras masticaba el último bocado lentamente.
***
Horas más tarde Tegoshi había reunido toda su motivación para entrenar duro por su cuenta. Sin embargo su rutina dio un giro inesperado. Al parecer los chicos con los que solía jugar un partido después de las clases no podían quedarse esta vez. Salían a celebrar una fiesta, a beber, a conocer chicas guapas quizás. Uno de ellos le dijo que se tomara un descanso y que fuera con ellos. Pero precisamente para Tegoshi ahora no había tiempo para relajarse y tuvo que negarse. La respuesta de sus compañeros no fue demasiado amable, más bien se burlaron de él porque decían que era aburrido y antipático, que si seguía siendo así nunca conseguiría nada.
No mentiría si dijera que eso no le deprimió un poco, pero tenía la seguridad de que algún día les podría demostrar a todos lo que significaba para él cumplir el sueño que llevaba persiguiendo toda la vida.
Sin dar más vueltas, volvió al campo donde entrenaba todas las noches y preparó todo lo necesario para practicar los tiros. En más de una ocasión miraba a su alrededor, y como el primer día allí no había nadie, pero en el fondo, muy en el fondo y sin saber por qué echaba de menos a la única persona que le había apoyado hasta ahora.
Pero no estaba. No estaba porque había rechazado su ayuda. Le había dicho que no le necesitaba, indirectamente que era una distracción y una molestia. Reflexionó de nuevo las palabras de sus compañeros. Si por “no conseguirás nada” tal vez se referían a conseguir un amigo.
De pronto sus pensamientos se vieron interrumpidos por un dolor en la nuca, inmediatamente seguidos por el sonido de un balón botando en el suelo, detrás de él.
“No te veo muy concentrado a pesar de que estás solo...” dijo la misma voz profunda que echaba en falta.
Tegoshi se giró asustado y a la vez furioso, acariciándose la parte trasera de la cabeza. “T-Tú... te dije que no vinieras”
“Me echabas de menos”
Y encima le leía el pensamiento y se lo decía con toda naturalidad, pero obviamente Tegoshi no podía admitirlo. Ni siquiera podía admitir para sí mismo que eso fuera verdad.
“No te creas tan importante, no te necesito para nada”
“Ya... te he estado observando antes. Si crees que tirando así vas a pasar la prueba del jueves me parece que puedes ir olvidándote de tu sueño.” Masuda se burlaba otra vez de él, y eso le hacía daño, porque él no era muy distinto de los otros chicos. Odiaba que lo infravaloraran sin apenas conocer sus posibilidades. Lo malo es que Masuda parecía conocerle demasiado bien, eso le molestaba el doble.
“Cállate...”
Sin darse cuenta Masuda ya se había colocado en el centro de la portería. Tegoshi podría reconocer que estaba un poco lento hoy, quizá estaba pensando solamente en la prueba que le esperaba, y no se concentraba en lo que realmente importaba ahora.
“¿A qué esperas? ¡espabila Tegoshi!”. La voz de Masuda hizo eco en el vacío de aquel gran campo de fútbol y por primera vez Tegoshi reaccionó, y sin replicar nada lanzó un balón con la mínima fuerza, hasta él mismo se sorprendió de lo mal que lo había hecho. Masuda no tuvo que esforzarse mucho para pararlo.
“¿Qué ha sido eso?” gritó Masuda riéndose desde el fondo. “¡Como sigas así no vas a conseguir nada!” Y otra vez escuchaba esa frase. Su cara era muy seria esta vez. “Yamashita no quiere gente débil cómo tú en su equipo ¿sabes cuánta gente aspira a esto? Si vas a hacerlo así ni lo intentes, eres un inútil, mejor te ibas con tus amigos de fiesta, quizá solo puedas ligar más por tu físico que por lo que pretendes impresionar con esto”.
Cada simple palabra que Masuda pronunciaba por su boca hacia que su puños y sus dientes se apretaran más fuerte. Éste sentimiento de furia lo conocía ¿cómo pudo echar de menos a esta persona tan horrible?. Era como si se repitieran los hechos del primer día que se conocieron. Su mente no respondía a las acciones de su cuerpo y sin apenas darse cuenta lanzó un tiro hacia la portería, no, más bien hacía Masuda con una fuerza increíble. Obviamente Masuda no se atrevió a pararlo, de nuevo se apartó, y cuando vio el balón dentro de la red aplaudió a Tegoshi y se acercó a él sonriendo.
“Así me gusta, esta vez te has supera-“
“¡¡Te odio imbécil!!”
Las cosas se tornaron de una manera inesperada. Tegoshi no era consciente de lo que había hecho, pero el dolor que sintió en su puño era claramente un suave reflejo del que Masuda había sentido en su mejilla. Había sangre en la comisura de sus labios, y por los quejidos de Masuda podría adivinar lo mucho que le había dolido. Tegoshi se quedó en blanco, mirándole atónito. No pretendía llegar a eso, pero su cuerpo reaccionó solo, no pudo aguantar la rabia mucho tiempo más. Se había pasado. Pensaba que Masuda se la devolvería, y que al recibir el golpe le dejaría K.O, sólo hacía falta ver sus músculos para imaginarlo. Sin embargo su reacción fue inesperada. Aún con el dolor, y la sangre en su boca, Masuda sonrió con sinceridad, mirándole a los ojos.
“Bueno... si odiándome consigues hacerlo así de bien... entonces puedo ser de ayuda para ti ¿no?”
En ese momento, algo cambió dentro de Tegoshi. No entendía por qué Masuda no se enfadaba con él, o por qué no le olvidaba y se iba de allí de una vez por todas. Le sorprendía ver esa sonrisa mezclada con una cara de dolor que Masuda intentaba ocultar. No sabía si era lástima, o arrepentimiento, pero a pesar de lo mal que se había portado con él, Masuda seguía dispuesto a estar a su lado y ayudarle. Realmente no se lo merecía.
Ni siquiera tuvo el coraje para pedirle perdón, en realidad no lo tuvo para decir nada. Masuda se disculpó un momento para ir al baño de los vestuarios, porque decía que le dolía y quería lavarse la cara. Tegoshi no respondió, sólo se quedó miramdo cómo iba corriendo hacía allí con una mano en la mejilla, y pocos minutos después no pudo evitar la necesidad de seguirle.
Se encontraba delante del espejo mirándose la pequeña herida que tenía, cuando sus ojos se encontraron en el espejo. Tegoshi desvió la mirada rápidamente y fue a su taquilla para sacar de ahí un poco de algodón y agua oxigenada. Ambos se sentaron en el mismo banco, en medio de un silencio que parecía infinito. Un silencio que se rompió cuando Masuda se quejó de dolor al notar el roce el algodón en el borde de sus labios.
“Lo siento...”
“No, tranquilo, se supone que tiene que doler...”
No le estaba pidiendo disculpas por eso, sino por haberle golpeado en primer lugar.
“¿Por qué me dijiste todas esas cosas?” Involuntariamente la voz de Tegoshi sonaba algo suave, no se reconocía a sí mismo.
“Venga, ¿no te creerías que iba en serio? Sé que tu punto débil es ese, parece ser la única manera de hacerte lanzar mejor”. Sonreía, y visto así de cerca su cara era incluso reconfortante, capaz de transmitir paz y tranquilidad.
“Pero... me hiciste daño”
“Tú a mí más”
Ambos se rieron a la vez porque era cierto. Sin apenas darse cuenta, Tegoshi estaba empezando a abrirse un poco a Masuda. Eso era algo nuevo en él.
“Masuda... dime la verdad ¿por qué insistes tanto en ayudarme?”
Masuda se quedó en silencio unos segundos, hasta que su sonrisa se desvaneció.
“¿De verdad quieres saberlo?”
Tegoshi sólo asintió y vio cómo Masuda miraba hacia el suelo, como si estuviera preparándose para hablar de algo importante.
“Mi hermano... mi hermano era igual que tú. Soñaba con ser una estrella del fútbol casi desde que aprendió a andar. Siempre me pedía que jugara con él y yo le decía que no, que no me gustaba el fútbol, que se fuera con sus amigos al parque. Cuando tenía 12 años entró en el equipo de la escuela y se convirtió en uno de los mejores de su edad. Pero... dos años más tarde sufrió un colapso durante un partido. Le hicieron muchas pruebas en el hospital, y le detectaron una miocardiopatía hipertrófica, bueno, una enfermedad del corazón. Los médicos dijeron que se olvidara del fútbol para siempre. Imagínate cómo reaccionó mi hermano. Aunque le prohibieron practicar deporte, él siempre lo hacía a escondidas, preocupando a mis padres y a mí. Era muy testarudo, nunca escuchaba a nadie y hacía lo que quería. Hasta que un día... volvió a tener otro colapso, pero...” la voz de Masuda empezaba a quebrarse, y Tegoshi juraría haber visto cómo sus ojos brillaban. “...cuando llegó al hospital ya era tarde...”
El silencio fue muy incómodo. Sólo se escuchaban los ligeros sollozos de Masuda y Tegoshi no se lo podía creer. No sabía qué hacer, ni qué decir. Nunca se había encontrado en una situación tan difícil en su vida. Lentamente movió su mano hasta el hombro de Masuda y la posó ahí, intentando comprobar si ese gesto era suficiente.
“Yo... no lo sabía, lo sien-“
“Por eso...” le cortó Masuda, ésta vez mirándole directamente a los ojos. “Por eso estoy estudiando Educación Física, y... quiero ayudarte a cumplir tu sueño... porque era el mismo que el que mi hermano nunca pudo conseguir”.
Lo que sintió Tegoshi en ese momento fue inexplicable. Primero porque había estado totalmente equivocado con Masuda, y segundo, porque sentía que era él quien tenía que apoyarle ahora. Pero no sabía cómo. Esa maldita inseguridad y frialdad suya se lo impidieron. Entonces se volvió a hacer el silencio, hasta que Masuda se levantó y cogió sus cosas.
“Perdona, no tenía que haberte contado todo esto, no quiero dar pena, es sólo...bueno quería que supieras la razón. Siento haberte molestado tanto hasta ahora...” volvió a sonreír inocentemente y se despidió de Tegoshi, hasta que éste reaccionó instintivamente antes de que saliera por la puerta. De ninguna manera eso podía ser una despedida.
“¡Espera!”
Masuda se giró y le miró confuso, porque Tegoshi no parecía que fuera a decir nada más. Pero esta vez sí que lo hizo.
“Mañana...” no podía mirarle a los ojos, pero sorprendentemente se ruborizó, quizá por la vergüenza que le daba aceptar de una vez la ayuda que Masuda le había estado ofreciendo desinteresadamente “... mañana a la misma hora ¿no?”
La cara de Masuda era un poema. La mejilla hinchada, los ojos llorosos y esa sonrisa de oreja a oreja. Tegoshi se sentía mal por haber provocado todo eso, pero en parte fue lo único que le hizo sonreír con sinceridad, por primera vez en mucho, mucho tiempo.
Tal vez si conseguía cambiar un poco, sólo un poco, las cosas empezarían a ser más fáciles para él a partir de ahora.
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Siento haber tardado tanto en publicar, pero he estado ocupada y apenas he tenido tiempo de escribir. El ritmo sera más lento esta vez en comparación a Host Girl. Tampoco voy a llegar a tantos capítulos (espero), creo que me están saliendo bastante grandes estos xD.
Escuchando...: Kana Nishino - Kimitte
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